El viaje

Hace unos meses, al comenzar la temporada de actividades del ayuntamiento de mi pueblo me apunté a la actividad de atletismo de mantenimiento, para obligarme en los días fijados a la actividad en hacer algo de deporte, ya que de otra forma cualquier excusa era buena para dejarlo para otro día.

Entre los que estabamos apuntados a la actividad había un poco de todo, hombres y mujeres entre mis 20 años y los mayores que tendrían unos 40 y la monitora que tendría unos 25.

Las clases, las realizaba de manera bastante amena y un día a la semana teníamos que hacer carrera continua de unos 45 minutos de tiempo. Este día nos íbamos agrupando en pequeños grupos que llevábamos un ritmo más o menos similar, con el tiempo estos grupos se formaban de manera habitual y en él que estaba yo había una chica de unos 34 años con la que mientras hacíamos footting iba charlando, con el tiempo los temas que tratábamos eran más amplios y diferentes.

Como suele ser habitual durante la temporada celebramos una cena a la que acudimos la mayoría de los que estabamos apuntados, después de la cena estuvimos tomando unas copas por varios bares y al final como la mayoría estaban cerrados acabamos varios en una sala de fiestas. Ese día estuve bailando con todas las que se habían quedado hasta el final y cuando nos retirábamos a casa me tocó acercar a su casa a la que antes os he comentado que a partir de ahora llamaré Elisa.

Al llegar al lado de su casa nos quedamos hablando dentro del coche de un montón de cosas, hasta que le dije que me iba a acostar ya que quería aprovechar al día siguiente para acercarme hasta una ciudad costera cerca de mi casa donde había unos baños de talasoterapia y aprovechar a darme un chapuzón en el mar si el tiempo acompañaba para ello, me comentó que a ella también le gustaría ir alguna vez, pero que a su marido no le gustaba nada ni la playa ni el salir de casa, que los fines de semana se quedaban en casa descansando del trabajo de toda la semana y colgado de la televisión viéndose todos los deportes que ponían en la misma.

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Continuamos de la misma forma hasta casi llegar los últimos días de la actividad y en uno de ellos le volví a comentar que ese fin de semana iba a volver a acercarme de nuevo hasta la playa y me comentó que ese fin de semana su marido iba a estar fuera de la ciudad y que si no me importaba podía acompañarme, salvo que fuera a ir acompañado, ya que entendía que a mi edad seguro que tenía bastantes amigas con quien ir acompañado, le dije que iba a ir solo y que estaría encantado de llevarla y de esa forma se me haría el día todavía mas ameno que de costumbre.

El sábado fui a buscarla a su casa a las 9 de la mañana y cuando la vía salir llevaba puesto un vestido playero con una chaqueta encima dado que hacía un poco de fresco a esa hora.

Dejó sus cosas en el maletero y tras subirse se colocó el cinturón de forma que él mismo pasaba entre sus pechos, me fijé que aun con la chaqueta se marcaban dos pechos espléndidos que, la verdad hasta la fecha no me había fijado bien en ellos, arranqué y comenzamos a hablar de varias cosas hasta que puse música y quedándonos callados se colocó de forma que parecía que iba a dormirse durante el viaje.

El viaje era de una hora más o menos y seguí conduciendo mientras de vez en cuando giraba la cabeza para ver si continuaba durmiendo, ella seguía con los ojos cerrados por lo que mi vista se dirigía hacia sus pechos y a sus piernas ya que el vestido le quedaba a la mitad de sus muslos. En un momento dado ella se movió un poco y pensé que se había despertado por lo que la volví a mirar, observando que solo había cambiado de posición para estar más cómoda.

Al tener que cambiar de marcha me di cuenta que sus rodillas habían quedado próximas a la palanca de cambios y que mis nudillos rozaban sus rodillas, por lo que a partir de entonces comencé a cambiar de marcha con más frecuencia aunque el trayecto lo hacía por autopista y en sexta velocidad no era preciso cambiar tan a menudo.

Aunque cada vez los rozamientos eran mayores, ella continuaba igual, por lo que dejé mi mano junto a sus piernas, acariciándolas suavemente mientras comprobaba que seguía dormida. Con los rozamientos sentí que me iba excitando cada vez más y coloqué ligeramente mi mano sobre su rodilla y al mirar si dormía me di cuenta que tenía los ojos abiertos, por lo que de forma inmediata retiré mi mano y un poco avergonzado seguí conduciendo en silencio como si no hubiera pasado nada.

Ella comenzó a hablar y me preguntó que me pasaba, que me notaba algo raro, le dije que no me ocurría nada y entonces me dijo que no le importaba que le hubiera tocado las piernas, es más que le había gustado desde el principio y que aunque había seguido con los ojos cerrados, no había podido dejar de imaginarse otras situaciones que casi prefería ni comentarlas, la miré a los ojos y comenzamos a sonreír de manera un poco forzada, pero volví a colocar mi mano sobre su muslo desnudo y al mirarla vi que de nuevo volvía a cerrar los ojos a la vez que abría ligeramente sus piernas.

Mirando a la carretera comencé a acariciar la parte interna de sus muslos mientras cada vez que subía lo hacía un poco más arriba hasta sentir que mi dedo meñique llegaba a tocar su entrepierna a la altura de sus bragas, sentía el calor que desprendía y comencé a mover mi dedo sobre su pubis hasta darme cuenta que abría más sus piernas para facilitar mis caricias, suavemente le fui acariciando la vulva hasta sentir que mis dedos comenzaban a mojarse, entonces comencé a introducir mis yemas por el borde de sus bragas hasta sentir su vello púbico y comprobar que una gran humedad envolvía su sexo.

Estuve durante un rato acariciando su clítoris y subiendo y bajando mis dedos por toda su rajita hasta llegar a la entrada de su vagina, introduje un dedo suavemente y lo fui metiendo y sacando durante un rato, la miraba de reojo y veía que seguía con sus ojos cerrados, saqué el dedo y volví a introducir dos dedos, pero solo las yemas, mientras con mi pulgar seguía masturbándola, ella comenzó a mover su cuerpo para que mis dedos entraran más profundamente, pero había decido seguir haciéndolo una paja sin dejar que mis dedos entraran más de dos centímetros en su vagina.

Ella bajo sus manos colocándolas sobre el dorso de mis manos y presionando hizo que mis dedos entraran hasta el fondo, ella apretaba y movía sus caderas por lo que comencé a flexionar los dedos para que entraran y salieran de su vagina, no dejando de masturbarle el clítoris con mi dedo pulgar, ella tensó todo su cuerpo, estiró sus piernas y vi que exhalaba un gran suspiro, luego los movimientos fueron más lentos hasta que saqué los dedos, ella sacó un pañuelo de papel del bolsillo de su chaqueta y me limpió los dedos a la vez que se secaba los muslos y un poco la tapicería del asiento.

La música seguía sonando en la radio y nosotros en silencio, se colocó de manera lateral en el asiento y estirando su mano comenzó a acariciar mi pene por encima de los pantalones, abrió mi bragueta e intentó sacarme la polla, no pudiendo hacerlo por lo dura que la tenía por lo que me abrió la correa y el botón de la cintura sacando un miembro que cuando lo miré vi que estaba totalmente erecto y brillante, comenzó a mover su mano haciéndome una paja, cuando bajo su cabeza y comenzó a tragársela toda entera, yo eché un poco hacía atrás mi asiento y bajé la velocidad hasta que sentí que me corría en su boca, ella continuó chupando hasta que acabé de correrme y volviendo a su posición inicial, me dijo, ahora no me vendría nada mal un bollo para acabar el desayuno.

Llegamos hasta nuestro destino, bajamos del coche y tras recoger los bolsos fui a tomarla de la mano, pero me dijo que prefería que no lo hiciera porque podía haber algún conocido que nos viera, pasamos el día como si lo hubiera hecho con un amigo y al regresar intenté de nuevo comenzar a acariciarla, pero me dijo, es mejor por nuestra seguridad que te centres en la circulación y en la carretera, desde entonces hemos continuado viéndonos como si nada hubiera pasado.